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domingo, 22 de enero de 2017

Celestina


Como este medio lo ve mucho menos gente, aprovechare a dar una primicia por acá, estoy escribiendo un libro. Sii!!!: aca les dejo una partecita de lo que va:

Celestina estaba sentada en el regazo de su padre. Le encantaba estar ahí. Le parecía a ella el lugar más seguro del mundo. Y él la miraba como se mira a la protagonista de un libro, con los ojos de la ilusión. Había un amor tan verdadero en esos ojos, que nadie nunca podría atreverse a ponerlo a prueba. Le parecía a él que ella era un ser del futuro, mejor que él, que tú, y que yo. Y tenía razón.

                                                                - Celestina, Un tal Gabriel



lunes, 29 de febrero de 2016

No deberían Existir

Es verdad que existen esos días que no deberían existir. Días que llegan como todos. Entran por la ventana de tu cuarto y pasan desapercibidos. Empiezan siendo casi como cualquier otro día. Se paran de la cama, se lavan los dientes, desayunan y hasta leen el diario, como días normales.  Sin embargo, no pasa demasiado tiempo antes de que esos días empiecen a revelarse. Tal vez de manera brusca o tal vez no, pero se hacen notar. Comenzarán pisándote un pié o algo. Luego esconderán tu corbata preferida o quizá descompondrán tu auto. Pero no se detendrán allí. Tú sabes hasta donde llegan esos días de los que te hablo.

Esos días van a golpearte bajo, justo donde no esta permitido golpear. No tienen escrúpulos. Van a golpearte vez tras vez y precisamente donde vean que te duele, es donde van a golpearte de nuevo. Lo harán hasta tenerte de rodillas, tan vencido, que ni siquiera suplicaras que te dejen en paz. Por el contrarío abrirás los brazos y los ojos, y por ellos sabremos del recibimiento que merece tu impotencia. Esos días van a estafarte. Van a comprarte todo lo que tienes y te pagarán con billetes de falsa esperanza. Y no hará falta más que un día de esos para que logres conocerle hasta los lunares a la soledad. Pero no la del hombre, que esa no les basta. Van a hacerte conocer la soledad de ellos, que no tienen anocheceres que los quieran, ni amaneceres que no les teman.
Te hablo de esos días que saben que no deberían existir. Esos que se odian tanto a sí mismos que casi se revientan, contigo adentro. Y ay de ti que no eres día, ni noche, ni amanecer, sino hombre. Ay de ti que tienes madre o esposa o hijos, porque el día también los golpeará. Ay de ti que ese día querrás dormirte antes, y ya en la cama te acordarás de mí y me preguntarás si por casualidad mañana él seguirá allí.

Y yo que te responderé con la verdad de lo que he vivido: al día siguiente, te levantarás temeroso de tus pies, pero esta vez el día tendrá cuidado de no pisarlos. Irás a vestirte y tu corbata de la suerte estará frente a ti. Te la pondrás rápidamente. El mecánico llegará temprano. El auto sólo tenía un cable suelto y encenderá maravillosamente. Luego, ya con menos miedo, te atreverás a volver el rostro para verlo. Allí estará el día, mirándote con su sonrisa inexplicable, hablándote al oído, casi como aupándote a empezar de nuevo. Tú le devolverás la sonrisa sin saber si le sonríes a él o sólo lo haces de felicidad, al darte cuenta de que es otro. Cerrarás tus ojos y sentirás un gran alivio. Pensarás un poco en aquel día que pasó y te provocará escupirlo y gritarle ¡Sobreviví!. Pero no lo harás porque desde el fondo de tu estomago sabes que tal vez mañana o pasado otro vendrá, y un tiempo después tal vez otro, hasta que finalmente llegué el invencible. Es verdad, existen esos días que no deberían existir.

                                           @Un_tal_Gabriel


Un texto por Gabriel Campos

© todos los derechos reservados

jueves, 18 de febrero de 2016

miércoles, 20 de enero de 2016

Hasta que la muerte nos separe

A veces, cuando conversamos, siento unas ganas enormes de decirte que soy otro, y probar si de tanto no oírme y no verme, te olvidaste de mi voz y de mi rostro, y en medio de la confusión tratar de empezar de nuevo, en una relación que seguramente llegará a este mismo punto, pero que quizá nos refresque con un sorbo de felicidad. Otras veces, hago el ejercicio contrario, y pienso con fuerza que eres otra, que descubro tu voz y tu rostro, y empiezo de nuevo. Nuevamente te oigo y nuevamente te veo, a pesar de que tú sigues sorda y ciega. Otras veces, como hoy, logro comprender que nuestra luz esta atrapada dentro de un bombillo quemado. Y observo como nos llueve los viernes, y cómo a nuestra cama llega el mes que viene después de primavera. Con una sola esperanza: La de que cualquier sábado de estos encontremos (Ojalá que no sea bajo las hojas secas de un sauce de cementerio), esa nueva vida, que no dejaremos atrapar por ningún bombillo cobarde.

                                     Un tal Gabriel


Un texto por Gabriel Campos

© todos los derechos reservados

martes, 19 de enero de 2016

Al otro lado del Reloj

     ¡El reloj suena y lo atiendo, al otro lado de la llamada hay alguien que sí esta despierto. Estoy yo, anoche, antes de dormirme. A través del reloj me maldigo por haber cometido la idiotez de intentar despertarme tan temprano. ¡Qué me habré creído?!  ¡Acaso pienso que soy el dueño de mi vida futura?!  Acaso pienso que mañana no tendré derecho a mandarme al diablo y seguir durmiendo?

!Oye tú, al otro lado del reloj! escucha esto: ¡¡Me paro cuando me da la gana!! Ningún borracho que llega a las tres de la mañana puede obligarme a pararme a las seis. Me importa lo mismo que un millón de lombrices, lo que tú tengas que hacer hoy.  ¡Y  te agradezco que me prestes atención cuando te estoy hablando!


El que estaba al otro lado me ha dejado hablando solo y se ha dormido. Parece que no me presta la más mínima atención. De este lado, me decido a colgar el reloj. Colérico me maldigo de nuevo y, cargado aun de sueño, pongo mi primer pie fuera de la cama, mientras me repito, como cada mañana, que estoy demasiado enojado para seguir durmiendo.

                                 Un tal Gabriel

Un texto por Gabriel Campos

© todos los derechos reservados


lunes, 18 de enero de 2016



"Es como si hasta la soledad, de pronto, te dejara de hablar, y la oscuridad te dejara de mirar. Y los minutos, pasan lentamente, haciéndose los distraídos, sin atreverse a voltear. Y uno se queda ahi, como esperando nada. Como esperando que las horas traigan la mañana. Y con ella, el canto de un gallo, o el llanto mañanero de un bebe que amaneció con hambre. Esperando que el tiempo traiga de vuelta la bulla que hace real a un mundo que esta noche, hizo silencio como nunca"


                                 Un tal Gabriel